El momento en que el cachorro entra por la puerta de su nuevo hogar es, seguramente, el más recordado de toda la adaptación. También es el que más se suele hacer mal por exceso de cariño: familia entera esperando, niños emocionados, vecinos que quieren conocerlo, todo el mundo queriendo cogerlo a la vez. Entendemos las ganas — pero un cachorro que acaba de dejar a su camada, ha hecho su primer viaje en coche y entra en un sitio desconocido necesita, sobre todo, calma.
Las primeras dos horas: menos gente, menos ruido
Lo que mejor funciona es dejar que el cachorro explore por su cuenta el espacio que ya le habéis preparado, sin forzarlo a acercarse a nadie ni perseguirlo por la casa para «que se acostumbre a todos». Si hay niños en casa, es buen momento para explicarles que el cachorro necesita elegir cuándo acercarse, y que hoy toca sentarse en el suelo y esperar a que sea él quien se aproxime, no al revés.
En razas de tamaño tan reducido como el Caniche Toy o el Maltipoo, esto tiene además un componente práctico: el suelo, desde su altura, está lleno de pies, sillas y movimiento imprevisible. Sentarse a su nivel reduce esa sensación de estar rodeado.
Comida y agua: sin forzar
Es habitual que el cachorro no coma nada, o coma muy poco, las primeras horas. El estrés del cambio suele quitarle el apetito temporalmente. Dejadle agua y comida disponibles, sin insistir ni cambiar de alimento de golpe — lo ideal es mantener, al menos los primeros días, la misma marca y pauta que traía de la camada, e ir haciendo cualquier transición de forma progresiva más adelante. Si a partir del segundo día sigue sin comer casi nada, es el momento de consultar con el veterinario.
Dónde duerme esa primera noche
Aquí no hay una única respuesta correcta, pero sí conviene decidirla antes de la llegada y mantenerla, en lugar de improvisar sobre la marcha. Algunas familias optan por tener el transportín o la cama del cachorro en la habitación las primeras noches, para que no se sienta completamente solo en un espacio nuevo; otras prefieren que aprenda desde el primer día a dormir en su zona. Ambas opciones son válidas — lo que no ayuda es alternar cada noche entre una y otra, porque eso es lo que más confunde al cachorro.
Es normal que llore un rato la primera noche. No es necesario ni recomendable «dejarlo llorar» ignorándolo por completo, pero tampoco conviene sacarlo de la cama cada vez que se queja: una visita breve y tranquila para comprobar que está bien, sin convertirlo en juego ni en fiesta, suele ser el punto intermedio que mejor funciona.
Otras mascotas o niños pequeños en casa
Si ya hay otro perro en casa, las presentaciones van mejor en terreno neutral o, si no es posible, dejando que sea el animal adulto quien decida el ritmo de acercamiento, sin forzar el contacto nariz con nariz desde el primer minuto. Con niños pequeños, la norma más útil es simple: el cachorro nunca debe quedarse solo con ellos sin supervisión, ni siquiera el primer día, por pequeño y dócil que parezca.
Qué es normal y qué no en las primeras 24 horas
Es esperable: que esté algo apagado, que duerma más de lo habitual, que coma poco, que llore por las noches, que tenga algún episodio de diarrea leve por el cambio de entorno y alimentación.
No es lo esperable, y merece llamada al veterinario: vómitos repetidos, decaimiento extremo que no mejora en el día, o ausencia total de ingesta de agua durante muchas horas.