Uno de los errores más frecuentes cuando llega un cachorro es esperar al primer paseo con vacunas completas para ponerle la correa por primera vez. Para entonces, el cachorro tiene que aprender a la vez tres cosas distintas — que hay algo enganchado a su cuerpo, que ese algo lo dirige alguien más, y que el mundo exterior está lleno de estímulos nuevos — y eso es demasiado de golpe. Todo va mejor si el trabajo con la correa empieza dentro de casa, semanas antes de la primera calle.

Primero, que la correa deje de ser una novedad

Antes de dar el primer paso guiado, el objetivo es que collar o arnés y correa se conviertan en algo neutro, incluso agradable. Dejar que el cachorro los huela, ponerle el arnés unos minutos mientras juega o come, y quitárselo antes de que le moleste, ayuda a que no lo asocie con tensión desde el primer momento. En razas tan pequeñas como el Caniche Toy, el Bichón Maltés o el Maltipoo, un arnés bien ajustado es preferible a un collar, porque reparte la presión sin cargarla sobre un cuello muy delicado.

El primer ejercicio: seguirte sin que tires tú

Con la correa puesta pero sin tensarla nunca desde tu mano, camina por el salón o el pasillo dejando que el cachorro te siga por su cuenta, premiando con voz suave o algún premio pequeño cada vez que camina cerca de ti sin resistirse. La idea no es que aprenda una posición perfecta, sino que entienda que seguirte trae cosas buenas.

El segundo ejercicio: el giro que enseña a no tirar

Cuando el cachorro empiece a moverse hacia un lado tirando de la correa, en lugar de tirar tú de vuelta, simplemente da media vuelta y camina en la dirección contraria. El cachorro nota que avanzar tirando no lo lleva a ningún sitio, y que seguirte a ti sí. Repetido varias veces en sesiones cortas de pocos minutos, este ejercicio enseña más que cualquier corrección brusca — y sin generar ningún tipo de tensión o miedo asociado a la correa.

Sesiones cortas, muchas veces mejor que una larga

Con cachorros tan pequeños, dos o tres sesiones de tres a cinco minutos al día funcionan mucho mejor que una sesión larga: se cansan de concentrarse rápido, y forzar más allá de ese punto solo genera frustración para los dos. En cuanto el cachorro camine con soltura por casa o el jardín sin tirar, es el momento de dar el salto a un entorno tranquilo en la calle — nunca directamente a una zona con mucho movimiento.

Cuando ya está fuera: menos corrección, más redirección

El primer día de calle no es momento de exigir un paseo perfecto. Es normal que tire por la emoción de los olores nuevos — no es desobediencia, es un cachorro procesando un mundo enorme desde muy abajo. Detenerse en seco cuando tensa la correa, esperar a que vuelva a aflojarla y continuar solo entonces, es mucho más efectivo — y más respetuoso — que tirar de vuelta o levantar la voz.

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